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8.10.09

ensayo para una huida

En esta hora dudosa que desciende
entre el azul y la ceniza,
con quietud de calina y aire
clausurado, en este jardín
de inanimadas sombras
donde la humedad sabe a tierra
y disueltos cansancios,
he dejado los ojos.

Como quien, en tierra de nadie,
acepta una tregua ficticia
y busca en el cansancio una certeza,
he mirado en penumbra
cuanto se acoge a la mirada,
cuanto sostiene inadvertido
el peso de unos ojos
que dudan e interrogan.

Conozco sus razones: son las mías.
Como yo, buscan
un espacio para el deseo,
un lugar de fugas y asombros
en la tierra de nadie
del aire. Como yo,
llegan a su destino
al demorarlo.

30.9.09

preámbulos del poema

Amanece con nieve: nieve reciente, muy fina, como pelusa o polvos de talco. Ya ayer, al regresar de buena tarde a casa, el azul cobalto de un cielo sin estrellas competía con el aura anaranjada de las farolas precaria y prematuramente encendidas. Era un indicio de nieve, o la nieve misma, suspendida sin cuerpo en el aire, lluvia invisible que sólo la luz revela. Ahora descorro las cortinas y la blancura me duele en los ojos. Despierto con este resplandor acerado de un sol lejano, nítido como una hoja de afeitar, y luego, en silencio, con miedo a despertarla, desciendo a la cocina. En el jardín, la tierra húmeda asoma tímidamente entre lo blanco, y también los mínimos brotes que en este final de febrero se atreven a desafiar los últimos bandazos del invierno. No aguantará la nieve: tal vez en el jardín nos espere algún rastro esta noche, pero será la excepción. No hubo viento. Nada nos inquietó mientras dormíamos. Puedo imaginar ahora el rumor inapreciable de la nieve al caer sobre el asfalto como una música de fondo en nuestros sueños. No soñé con nieve, pero todo lo soñado se asienta en ella. Luego, cuando salga a la calle, será ese territorio el que pise, seré yo quien entre como una prolongación furtiva en mi sueño; y quien tome residencia con la primera palabra pensada o escrita sobre la nieve.

16.9.09

despojos

La luz de media tarde entre la hiedra,
la lumbre inextinguible de algún sueño,
el niño que se ahoga de risa en su columpio,

el temblor repentino de tus muslos,
el calor que insinúan tus mejillas
al despertarte embriagada de sueño,

respirar el vaho gris de la escarcha,
jugar al abandono en estas calles
donde la claridad nos perfila extranjeros,

el cielo como un largo balbuceo de azul,
las tormentas de julio, tan veloces,
el aroma dulzón del descampado…

Cuánto nos pertenece, sin que importe escribirlo.

8.9.09

regreso a sheffield

Bajo el cielo arrasado

de febrero, contempla
con los ojos de entonces
esta ciudad de nieve

y tercas ruinas, mira
con antigua inocencia
lo que ahora es costumbre,

agostada presencia,
luz fría bajo el cielo
arrasado de invierno.

Quién regresa, qué buscas
con inquietud cansada
en las calles sin nadie

si todo prendió fuego,
ardió en la hoguera negra
de la palabra. Llama

que fue deseo, nada
te queda de aquel tiempo:
letra muerta, aridez,

desnutrido fulgor
que los ojos remedan
esperando un sentido.

No hay regreso posible.
Tu ciudad ya no existe.
¿Existió alguna vez?

Conocías sus calles
pues nacieron en ti.
Tu ciudad era espejo

donde lentas palabras
te miraron mirándola:
blanco espejo empañado

de tu aliento. Extranjero
entre sombras, tú vuelves
para no verte, niegas

tu antigua voz. Borrada
inocencia, febrero
es silencio en tus labios,

luz arrasada, muda
ciudad inexistente.

26.8.09

credo

¿Y a qué, por quién
las preguntas?
La vida se disipa
en el sentido. No hay razones
o las razones nos evitan. Di mejor,
si es que decir te importa,
el fulgor de la tarde entre las ramas,
la floración del cielo y su descenso,
cuanto es asombro en la mirada
porque algo ha cruzado, y palpita,
y en el rumor ajeno de su sangre
pregunta y respuesta son una
con un golpe final que se te escapa.

24.8.09

diálogo en la sombra

En la noche, tu mirada abolida
espía entre juncales de negrura:
no acepta de las sombras
su indiferencia, su aparente
estar ajeno a quien
las mira. Piensa
–como piensa el mirar, absorto
bajo los párpados–
si es nada lo que no ve, o si nada
son sus ojos porque no ven.

¿Hay diferencia?
Porque duda o no sabe
sigue buscando, y en la duda
una lumbre modesta se abre paso,
pone su cal
al fondo de los ojos.

Quien mira sabe
que algo le está mirando.

Porque la noche lo permite,
no buscas en su negrura siluetas
ni bultos para desmentir la nada,
buscas sus ojos que te están buscando
sobre un hilo que entonces se ilumina.